domingo, 12 de abril de 2020

La erradicación de la viruela. Reflexión sobre la URSS, epidemias, capitalismo.

A finales del pasado año la Organización Mundial de la Salud celebraba el 40 aniversario de la erradicación de la viruela. ¿Qué conclusiones podríamos obtener hoy, acuciados por el coronavirus, sobre aquel éxito de la humanidad? Veamos un breve repaso de aquel momento histórico que supuso el fin de una enfermedad terrible, en diciembre de 1979, para finalmente extraer algunas ideas que puedan resultar interesantes.




La viruela fue (podemos decirlo en pasado pues es considerada la única enfermedad humana erradicada) una de las enfermedades más devastadoras de la historia de la humanidad. Se registran referencias de su existencia desde hace miles de años de antigüedad, puesto que su origen parece ligado a la aparición de las primeras civilizaciones. 

Se calculan unos 300 millones de fallecidos en todo el mundo a causa de viruela sólo en el siglo XX. La alta mortalidad (hasta el 30% en el caso de viruela mayor y de la totalidad de los afectados en variantes más graves) afectaba principalmente a niños, aún con defensas no desarrolladas. En los supervivientes podía dejar secuelas como ceguera, además de las cicatrices por todo el cuerpo.

Su alta incidencia era una preocupación habitual en padres y madres de todo el mundo. Puede que debido a esa inquietud universal se realizaran importantes descubrimientos por observadores de distintas culturas: las personas que lograban sobrevivir ya no contraían más la enfermedad, y de igual modo una persona expuesta a una variedad leve quedaba protegida de ella.

Estas primeras observaciones llevaron a intuir un primer esbozo de teorías sobre las enfermedades infecciosas y a una primera forma de vacunación rudimentaria, la variolación. Esta técnica consistía en la aplicación de pústulas de infectados en cortes de la piel o mucosas de personas sanas. El método lograba salvar algunas vidas aunque también ponía en riesgo muchas. La técnica se perfeccionó y se llevó a cabo con buenos resultados hasta el siglo XVIII, cuando se logró frenar la gran mortandad.

A finales de este siglo Edward Jenner, que había realizado experimentos sobre la viruela bovina, logró crear una vacuna (de variola vaccinae o viruela de las vacas). Esta vacuna permitía que los pequeños quedasen inmunizados sin poner en riesgo sus vidas. Gracias a la vacuna se detuvo la enfermedad en los países desarrollados. 

Sin embargo, en las naciones más desfavorecidas, en África y Asia, la viruela seguía llevándose por delante la vida de millones de niños, principalmente. Como hemos mencionado, unos 300 millones en pleno siglo XX.

Hasta los años 50, las convenciones de la OMS para combatir la enfermedad no habían logrado convencer a los países poderosos más que de planes de escaso alcance. Fue en 1958, en la 11ª asamblea de la OMS celebrada en Minneapolis, cuando el viceministro de salud de la URSS, Viktor Zhdanov, propuso el ambicioso plan de erradicar la viruela del mundo.

El plan de Zhdanov consistía en realizar inmensas campañas de vacunación durante años (en principio 5), centradas en las zonas del planeta donde era una enfermedad endémica. Para ello la URSS ofrecía 25 millones de vacunas (también Cuba aportaba 2 millones) y un millar de médicos que se repartirían por todo el globo. Estos médicos, especializados en el asunto, llevarían a cabo la formación de otros en los países de destino.

El plan, aunque resultaba demasiado optimista, fue aprobado por la OMS, posiblemente motivados por la perspectiva de permanecer aparte de la iniciativa soviética. En 1977 se confirmó el éxito de las campañas presentadas por Zhdanov, con el anuncio de la última persona que contrajo la enfermedad de manera natural.

Esta es la historia, en breves palabras, de la erradicación de la viruela. ¿Qué conclusiones podríamos extraer de ella?

  • para vencer a la enfermedad era necesaria una voluntad internacionalista. Los planes de los países desarrollados habían logrado frenar la enfermedad dentro de sus fronteras pero no fueron capaces de llegar a acuerdos para detenerla en las zonas endémicas

  • las campañas recomendaban la obligatoriedad de las vacunaciones y su universalidad. Esto es, era preciso una mentalidad sanitaria similar a la de los sistemas gratuitos y universales de salud que recogiese el espíritu de la primera red sanitaria general del mundo, la de la Unión Soviética.

  •  el peso del coste de estas campañas debía llevar al acuerdo de los países desarrollados, puesto que se trataba de un proyecto de interés común y global. Las enfermedades epidémicas suponen una amenaza para todo el mundo y por tanto es un interés generalizado unir las fuerzas contra su erradicación. Es preferible pensar en la economía como un sistema planificado que sea capaz de afrontar retos mundiales, en lugar de un caótico y anárquico sistema movido por las fluctuaciones del mercado.

  • la necesidad de comprender que existen prioridades indispensables que están por encima de los intereses particulares y en especial de los diferentes intereses económicos de cada nación. Mejorar la vida de los seres humanos, aunque se encuentren en las antípodas de nuestros estados, conduce a un nivel de desarrollo social no sólo más solidario y justo, sino también más avanzado, que supere las limitaciones que constituyen para el progreso las mentalidades individualistas y basadas en el mero beneficio económico. 

  • Situaciones a nivel global como las epidemias ponen en evidencia que el capitalismo es un obstáculo para el avance de la humanidad hacia un nivel de desarrollo social superior. Antes o después, seguramente impelidos por la propia naturaleza, los seres humanos nos veremos abocados a disponernos al paso a una sociedad que supere el sistema que se suponía era el punto final de la Historia. 



Desconocemos el alcance que llegará a tener el coronavirus que llevamos sufriendo desde hace unos meses. De momento no puede compararse en cuanto a su mortalidad a la temida viruela, ni siquiera a otras enfermedades infecciosas más graves. Aún así estamos observando que se ha extendido a la mayor parte del planeta y en sociedades avanzadas como EEUU está causando estragos y poniendo en jaque los valores que rigen su supuesta libertad y su economía. 

El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se le revela al burgués práctico de la manera más contundente, durante las vicisitudes del ciclo periódico que recorre la industria moderna y en su punto culminante: la crisis general, escribió Marx en el prólogo de la segunda edición del primer tomo de El Capital. El coronavirus está suponiendo algo más que un simple ciclo periódico, y en mayor medida por tanto está revelando a los neoliberales gobernantes de nuestro mundo su incapacidad para gestionar la crisis. Muchos son los que están evidenciando la necesidad de sistemas públicos de sanidad y la prevalencia de las medidas higiénicas como el confinamiento sobre el interés productivo económico. Veremos en qué termina todo. A los lectores, más que nunca: Salud.