martes, 30 de enero de 2024

Por qué no cambiaron el «paradigma de la vivienda» ni lo van a hacer




El desarrollo del capitalismo ha enseñado a la clase obrera misma que no hay nada menos práctico que estas cavilosas “soluciones prácticas” aplicables a todos los casos, y que, por el contrario, el socialismo práctico reside en el conocimiento exacto del modo capitalista de producción en sus diversos aspectos.
Federico Engels, Contribución al problema de la vivienda.

¿Por qué el Gobierno de Progreso no ha cambiado ningún «paradigma de la vivienda» ni se espera que vaya a hacerlo?

¿Por qué sus «políticas útiles» no son útiles para los trabajadores y sí lo son para los especuladores y rentistas?

Leer los anuncios de alquiler hoy es asomarse al abismo de la penuria española: «piso en sótano ideal para una persona» (zulo sin ventanas con cama junto a la lavadora, 800€); «coqueta habitación bien comunicada con el centro» (cuarto con dos camas en piso compartido del extrarradio cerca de una parada de bus, 350€).

La cuestión de la vivienda, como todas las cuestiones sociales, puede tratarse de dos maneras: teniendo en cuenta el problema de clase o no. O lo que es lo mismo, teniendo los pies en el suelo de la materialidad o aludiendo a fantasías. (Para el lector que se espante o se incomode con términos marxistas, añado al final una explicación).

Ni los llamados partidos progresistas, ni los medios afines dicen la verdad. Se achaca el problema a la especulación, observada como si fuera una cuestión ética y coyuntural, y que puede aplacarse con ciertas reformas. Pero como veremos es algo más profundo. Puede intuirse siguiendo por partes un sencillo razonamiento.

1 El contexto económico.

Durante la pasada legislatura del Gobierno teóricamente más progresista (esto es, la opción menos reaccionaria de las dos elegibles) las empresas incrementaron su beneficio 7 veces más que los salarios, en concreto las de IBEX aumentaron sus beneficios más de un 40%, y el negocio de la sanidad privada aumentó en un 53% continuando el expolio de la sanidad pública de la última década.

Este panorama, unido a la pérdida de poder adquisitivo de los españoles, tiene su guinda en otra de las cuestiones imprescindibles para la vida, una de esas que la Constitución (la norma por la que para otros asuntos muchos se golpean el pecho) considera un derecho fundamental: la vivienda.

Es necesario entender que las llamadas «políticas útiles» -ya sean de uno u otro bando político- en España son absolutamente dependientes de la Unión Europea. Nuestro modelo productivo, nuestro proyecto económico como país, nuestra legislación laboral, todo está supeditado a las decisiones de los organismos europeos. Organismos que, no olvidemos, exigen dedicar miles de millones a armamento militar y que subordinan el apoyo económico al recorte de gasto público.

2 Hay grandes y pequeños tenedores.

La Ley por el derecho a la vivienda, que ya analizamos aquí y fue vendida como un «cambio de paradigma», en verdad fue un nuevo pacto de no agresión contra los grandes poderes económicos, otro mal menor a comulgar con resignación religiosa. Incluso asociaciones contra los desahucios denunciaron su ineficiencia y defensores del consumidor como Facua advirtieron de sus posibles trampas.

Uno de los aspectos de la ley, verdaderamente asombroso, es que distingue entre grandes y pequeños tenedores. Para quien no lo sepa aún, un pequeño tenedor de vivienda no es una familia que tiene un garaje y lo alquila, o un pisito en la playa y saca algo de dinero rentándolo unos meses. Nada de eso. Según esta ley, un pequeño tenedor puede ser un señor con 10 viviendas dispuestas para alquiler (o negocio turístico dependiendo de la legislación regional), o 5 en zonas consideradas tensionadas (zonas de mayor valor por oferta insuficiente y cuyo precio puede ser excesivo para una familia media).

En lo que se refiere a los grandes tenedores, son un conjunto de entidades muy diverso y amplio, de las cuales destacan el fondo de inversión norteamericano BlackRock, uno de los bancos de nuestro Ibex, Caixabank, y la Sareb o banco malo (como si hubiera algún banco privado bueno), que asumió con deuda pública casi la mitad de activos tóxicos (hipotecas infumables) de bancos que tuvieron que ser rescatados (porque para eso el Estado sí tiene dinero, como con las armas).

3 El paradigma del rentista ni se toca.

Si, como vemos, nuestro Estado no es más que un agente que media entre los intereses de los especuladores y la necesidad básica de los trabajadores de vivir en algún sitio, y como hemos dicho no posee soberanía propia sino está a lo que ordene la Unión Europea, la pregunta está servida: ¿pueden los inquilinos esperar algo positivo del Gobierno?

Si por positivo entendemos que el precio del alquiler de un piso en un barrio obrero no subirá, de momento, más de las tres cuartas partes de uno de los salarios más bajos de Europa, la respuesta es sí.

¿Y esto va a ser así en el futuro o hay posibilidad de cambio? Les invito a observar en un breve razonamiento cómo funciona la UE.

Esta semana precisamente se decidió en uno de los organismos europeos si se bajaban o no los tipos de interés. Los tipos de interés son el coste de un préstamo (también se llama «precio del dinero»). Pues bien, el Banco Central Europeo lleva subiendo este «precio del dinero» desde hace tiempo, actualmente al 4.5%, y advierte de que ese listón no se va a bajar en mucho tiempo, según informó la señora Lagarde. Hablando en plata, los créditos seguirán siendo más caros hasta sabe dios.

Resulta muy asombrosa, casi tanto como lo del pequeño tenedor, la explicación que da el BCE para aumentar los tipos de interés. Observen la jugada. La lógica neoliberal nos vende que es una manera de combatir la inflación: si se aumentan los tipos, se aumenta el endeudamiento y en consecuencia se deja de comprar, al bajar la demanda bajan los precios y así se estimularía nuevamente el ciclo. Es decir, detener la inflación afectando aún más al poder adquisitivo, lo que lógicamente afectará más a las personas que necesitan créditos (a los que se suele recurrir para vivienda); si se trata de empresas, el aumento de los créditos obligará a subir los precios, lo que de nuevo viene a redundar en cargar el coste al consumidor. Si no lo creen pueden comprobarlo en la muy didáctica página del propio BCE.

Sin embargo, los expertos nos dicen que este dogma, subir tipos de interés igual a disminución de la inflación, no tiene ninguna justificación en la práctica ni en la historia, tal como se explica en este recomendable artículo. De hecho, un país nada sospechoso de ser socialista, Japón, lleva años con un tipo cercano al 0% y ha obtenido buenos resultados tanto de oferta de vivienda como de empleo.

4 Las políticas útiles tienen truco

Así pues, es evidente para quien tenga ojos en la cara que con la vivienda ocurre como con otros aspectos esenciales de la vida de las personas: en capitalismo es una herramienta para la explotación, una necesidad universal que para los grandes y pequeños tenedores se convierte en una suculenta posibilidad de especular. Lo mismo que la sanidad o la educación.

La peculiaridad de la vivienda es que además puede estancarse indefinidamente pues siempre estará disponible, así como ocurre con los recursos naturales que acumulan las lucrativas empresas energéticas, líderes de nuestro Ibex. El poseedor de vivienda o de acciones de energéticas duerme a pierna suelta, así como el banquero vendedor de crédito, sabedores de que nosotros, pobres mortales, acudiremos antes o después a comprarles su mercancía.

Y como mercancía es el fetiche máximo, el referente absoluto, intocable como la propiedad privada. Ningún partido político, por muy de izquierdas que se estime en el estrecho espectro parlamentario, tocará jamás esos fundamentos. Porque son los pilares sobre los que se sostiene el edificio económico de la UE, sucursal europea de los intereses de la OTAN. Esto a nivel continental, pero también a nivel nacional. ¿Alguien cree que un Gobierno metería mano a los «pequeños rentistas» si con ello perjudica a los grandes?

Todas estas políticas no son más que defensas y garantías para rentistas, dinero fácil para especuladores. Les está ocurriendo así a nuestros hermanos en Argentina, país en el que han recurrido a un payaso ultraliberal para colar que el 10% del PIB se destine al pago de intereses. Es la institucionalización con garantía de seguridad estatal del rentismo.

5 ¿Solución?

La primera medida que deberían abordar los teóricos partidos de izquierdas es no mentir. Explicar la verdad. Sería posiblemente incluso más efectivo para obtener votos, explicar que lo único que pueden hacer es gestionar dentro del estrecho margen entre el capitalismo salvaje y el moderado, porque les da miedo cualquier movimiento de masas y ni siquiera están dispuestos a hacer huelgas generales.

El siguiente paso sería proponerse que existe vida más allá del capitalismo y de las sucursales del imperialismo norteamericano que somete la soberanía de nuestros progresistas Estados. No hay un abismo con monstruos, no, de hecho, la alternativa al sometimiento de las empresas que enriquecen a una minoría es mucho mayor, es un extenso terreno donde conviven la inmensa mayoría de la población mundial, su clase trabajadora, que son los que realmente producen.

No es lo mismo vida la de una persona que depende de cobrar su salario el siguiente mes para poder pagar la hipoteca o al alquiler, que gestionar la posesión de 5 o 10 viviendas y poder especular con ellas, que incluso permite subcontratar las tareas a un empleado y despreocuparse. Muchísimo menos quien puede permitirse vivir de los beneficios de acciones en fondos de inversión como BlackRock. No son la misma clase social. Los socialdemócratas se esforzarán en disimular esta diferencia social. Es por eso que en sus discursos políticos jamás aluden a la lucha de clases, o incluso afirman que esas clases ya no existen en la sociedad actual.

La solución de la vivienda, así como del expolio de la sanidad pública o el deterioro de la educación también pública o nuestra vergonzosa implicación en guerras imperialistas como la de Ucrania o el genocidio del pueblo de Palestina, pasa por entender que nuestro Estado es un mero gestor de los intereses económicos de una minoría social. Sólo saliendo de los organismos continentales que avasallan la soberanía popular, será posible una verdadera alternativa fiable y eficaz para la clase trabajadora.


  1. En Contribución al problema de la vivienda, Federico Engels acomete la cuestión que nos ocupa en esta entrada. Es cierto que lo hace con una diferencia de 150 años, pero su análisis sigue siendo útil para entender la actualidad.
    En el texto, que es una reunión de tres artículos, Engels desmenuza las propuestas anarcosindicalistas de Proudhon y las de autores pequeño burgueses, explicando que ambas son ilusorias e ineficaces porque desatienden la cuestión de fondo, que es el sistema capitalista y su disposición social en clases antagónicamente enfrentadas.

    Vendría a ser un reflejo en campo de la vivienda de la discusión entre el socialismo utópico y el científico. Resulta curioso, haciendo un paralelismo con nuestras «políticas útiles», que Engels llega a usar la expresión «socialistas prácticos» en referencia a los pequeñoburgueses.

    Al final del texto, Engels realiza una contundente crítica de ese socialismo práctico: «Si esta polémica no ha de servir para otra cosa, tiene de bueno, por lo menos, el haber proporcionado la demostración de lo que vale la práctica de estos socialistas que se llaman prácticos. Estas proposiciones prácticas para acabar con todos los males sociales, estas panaceas sociales, fueron siempre y en todas partes producto de fundadores de sectas que aparecieron en el momento en que el movimiento proletario estaba aún en la infancia».

    Las soluciones anarquizantes y de ese socialismo «práctico» apelan a ideales como la justicia o la igualdad. Del mismo modo que nuestros paladines actuales de la democracia capitalista apelan a la ética de los grandes empresarios. En otro pasaje del texto, expone: «Los socialistas burgueses quieren, como ya dice El Manifiesto Comunista “remediar los males sociales con el fin de consolidar la sociedad burguesa”, quieren la “burguesía sin el proletariado”.

    La miseria reflejada por Engels en esta u otras obras, correspondiente a la sociedad de su siglo, permanece en nuestro siglo con diferente aspecto, pero no deja de ser el mismo perro con distinto collar. Los suburbios donde entonces se propagaban las enfermedades como el tifus son hoy los pisos donde todas sus habitaciones están realquiladas (recordemos el confinamiento en la pandemia). Y la alternativa de la hipoteca para ser propietario, es como entonces una manera de amarrar al trabajador o trabajadora a la cadena que le unirá con el banco durante toda su vida, hasta la muerte.

    El problema de la vivienda es, por tanto, inherente a la propia naturaleza capitalista. Si el empresario estima la cantidad mínima de salario que puede pagar para que el obrero necesite volver al mes siguiente, lo mismo hace con las condiciones de la vivienda, procurará las reformas y alivios temporales que no impida al usuario un mínimo necesario para tener donde descansar en sus escasos momentos libres. Romper esa lógica sería modificar el ADN que el sistema emplea para reproducirse y permanecer; una mutación en esas condiciones sociales incurriría en el riesgo de transformar el propio sistema, que lógicamente sería el pavor de quienes se benefician con él y pueden permitirse una vida relajada como beneméritos rentistas.

domingo, 21 de enero de 2024

Cien años del revolucionario que estremeció al mundo



La prueba del verdadero carácter de clase de la guerra no se encontrará en la historia diplomática, sino en un análisis de la situación objetiva de las clases dominantes. Para describir esa situación objetiva no hay que tomar ejemplos o datos aislados, sino tomar todos los datos sobre los fundamentos de la vida económica las potencias y del mundo entero.
V. I. Lenin, Imperialismo, fase superior del capitalismo


El Gobierno de España sí asumirá el mandato de la OTAN y apoyará a la nefasta coalición que se arroga la categoría de "Guardianes de la prosperidad". Por mucha pantomima de rechazo que hagan los socios, con oportunismo vergonzoso. ¿Por qué era previsible que no podían negarse? Porque de un Gobierno imperialista, dependiente de todas las estructuras imperialistas -colaboracionista de su poder militar, carente de soberanía por dominación financiera, el alma vendida al alineamiento geopolítico-, solo podía obtenerse una respuesta: sumisión al imperialismo.

Si un trabajador normal como yo puede llegar a hacer reflexiones similares a esta (que seguramente no es muy desarrollada pero sin duda es más certera que las explicaciones ofrecidas por los medios de masas) es gracias a dos circunstancias muy simples, estar medianamente informado de la actualidad y tener un conocimiento básico de la teoría de Vladimir Ilich, Lenin.

En Diez días que estremecieron el mundo, John Reed, periodista norteamericano que fue testigo de la Revolución de Octubre, describe lo que observó en Petrogrado en forma de crónica con interesantes documentos testimoniales. En uno de los episodios que retratan lo que Reed vio en las calles, se narra un curioso diálogo:

"Nos encaminamos a la ciudad. A la salida de la estación había dos soldados armados de fusiles, con la bayoneta calada. Los rodeaba un centenar de comerciantes, funcionarios y estudiantes que los atacaban con apasionados argumentos e imprecaciones. Los soldados se sentían molestos como niños castigados injustamente.
- Creo que está claro para vosotros -decía insolente un estudiante- que al levantar las armas contra vuestros hermanos os convertís en instrumento en manos de bandidos y traidores.
- No, hermano -respondió seriamente el soldado- vosotros no comprendéis. En El Mundo hay dos clases, proletariado y burguesía, nosotros…
- Me sé yo esas estúpidas charlatanerías -le interrumpió el estudiante- los mujiks ignorantes como tú os habéis hartado de consignas, pero no sabéis ni quién lo dice ni lo que eso significa, repites como un papagayo.
- Bueno, sí, comprendo -respondió el soldado-, usted por lo visto es un hombre instruido y yo soy muy simple, pero...
- Me figuro que crees en serio -lo interrumpió con desprecio el estudiante- que Lenin es un amigo verdadero del proletariado.
- Sí que lo creo -respondió el soldado, que estaba pasando un gran apuro-.
- Bien, amigo, pero sabes tú que a Lenin lo mandaron de Alemania en un vagón precintado, sabes que a Lenin le pagan los alemanes.
- Bueno, eso yo no lo sé -respondió el soldado-, pero a mí me parece que Lenin dice lo que yo quisiera escuchar, y toda la gente del pueblo dice lo mismo, porque hay dos clases, burguesía y proletariado, y el que no está con una clase está con la otra".

Resulta llamativo para el ciudadano actual, en especial de un país desideologizado y sin organización obrera como España, el nivel de conciencia del soldado. ¿Alguien imagina a un agente de las fuerzas de seguridad españolas de hoy hablando en semejantes términos mientras desempeña su trabajo?

Ese envidiable nivel de efervescencia política, ¿cómo se consigue, más en un inmenso país con una gran parte de la población antes de la URSS mayoritariamente analfabeta y sin otro acceso a información que los folletos y periódicos clandestinos?

Reed, en el prefacio de la misma obra, cita: "los extranjeros, especialmente los norteamericanos, subrayan la ignorancia de los obreros rusos. Cierto, les falta la experiencia política de los pueblos occidentales, pero en cambio han cursado una escuela magnífica en sus asociaciones voluntarias. En 1917 las cooperativas contaban con más de doce millones de afiliados y los soviets son una manifestación portentosa. Probablemente no haya pueblo en todo el mundo que haya estudiado tan bien la teoría socialista y su aplicación a la práctica".

La aportación teórica de Lenin es inmensa, tanto como su prolifica obra, pues escribía tras cada suceso político las conclusiones que extraía de cada experiencia, aplicación real de la dialéctica teoría/praxis. Si imagináramos, como hicimos en este medio, un texto similar al famoso suyo, unas Tres fuentes y tres partes integrantes del leninismo, podríamos obtener que de las fuentes marxistas -desarrollo de la dialéctica hegeliana, los avances económico-políticosde El Capital, el asentamiento del socialismo científico- Lenin evoluciona el enriquecimiento del materialismo dialéctico, la descripción del imperialismo como fase superior del capitalismo y el análisis concreto del momento concreto.

Incluso cien años después, la comprensión sensata de nuestro mundo, como clase obrera, pasa inevitablemente por aportaciones teóricas leninistas como el desarrollo del concepto de Estado o las características del imperialismo, así como el leninismo resuelve polémicas que el capitalismo reabre de manera recurrente para su beneficio como el asunto de la autodeterminación de las naciones.

Pero esta teoría, si pretende ser revolucionaria, debe seguir la famosa tesis marxista: bien, hemos interpretado el mundo, ¡pero de lo que se trata es de transformarlo! La evolución leninista de esta tesis es: sin teoría revolucionaria no hay práctica revolucionaria, y viceversa.

La dos bielas de la bicicleta, que actúan aparentemente a contratiempo, pero ejecutan un equilibrio de fuerzas que permite el avance, son la teoría y la práctica. Esto implica que toda teoría debe estar encaminada a la acción. Toda teoría, todo análisis político, es partidista. Hasta el analista tenue, que pretende ser equidistante, está tomando partido, porque en su equidistancia se coloca del lado de la ideología dominante. Nuestro objetivo es la emancipación de la clase obrera, ese es el horizonte, aunque en el trayecto hagamos pausas o etapas tácticas, y ese objetivo nos lleva a ser siempre honestos y a tomar partido.

Escribió Lukacks que la superioridad de Lenin no puede explicarse únicamente en fórmulas manidas como "la genialidad política" o en su "clarividencia analítica", sino en que mediante el análisis concreto del momento concreto encuentra el punto en el que la teoría halla su realización verdadera, su cristalización, se transforma en praxis.

Además de una extensa organización, la masa necesita otro referente más allá de su espontenidad, expuesta siempre a la poderosa fuerza de la ideología dominante, que es el Partido. Un Partido con disciplina férrea, que sea flexible en su organización interna permitiendo el flujo comunicativo desde arriba a abajo y viceversa, pero que no titubee ni se pierda en los vericuetos y trampas del oportunismo.

Esas trampas son usadas por los socialdemócratas y reformistas como manera de etiquetar al leninismo como una forma política intolerante, así como caracterizan a la dictadura del proletariado como totalitarismo. Pero el trabajador o trabajadora consciente y conocedor de los principios leninistas sabe que el totalitarismo se encuentra precisamente en la falsa libertad burguesa, esa libertad que es el mejor disfraz de la esclavitud, pues el que se encuentra oprimido bajo ella se cree libre. Una libertad para elegir a la opción menos mala como supuesta izquierda, aunque todas las opciones en esa supuesta democracia defienden igualmente los pilares de la corrupta sociedad capitalista.

Sólo la absoluta democracia proletaria, la que no consiste como la burguesa en el aplastamiento por la fuerza de la mayoría, sino en la desaparición de la explotación de unos seres humanos por otros, es verdaderamente democrática, lección que extraemos de la experiencia soviética -de soviets, juntas, asambleas- y de la teoría leninista.

De este modo esas trampas oportunistas no tendrían ni oportunidad de producirse, ni nuestros Gobiernos nos engañarían. Como dejó escrito Lenin en aquellas Tres fuentes, "las personas han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase".

¡Qué extraña dictadura sería aquella en la que un pueblo es consciente de que sus gobernantes sostienen con una mano una falsa bandera de la paz y con la otra mano gastan miles de millones en armas para los criminales que asesinan con bombas a niños en Palestina!

miércoles, 17 de enero de 2024

105 años y pretenden seguir matando a Rosa Luxemburgo

 




No se puede arrojar contra los obreros insulto más grosero ni calumnia más indigna que la frase ´las polémicas teóricas son solo para los académicos´". Reforma o Revolución, R.Luxemburgo.

Se han perdido en el basurero de la historia los nombres de los responsables de la socialdemocracia que permitieron el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht el 15 de enero de 1919. Poco después sería también asesinado Leo Jogiches, compañero y camarada de Rosa. Sin embargo, aquellos salvajes linchamientos no pudieron evitar que la semilla continuara floreciendo más de un siglo después, para ser recordados en merecida justicia, ni los herederos políticos socialdemócratas lograrán tapar el sol con un dedo y difuminar la certera actualidad de su mensaje hoy.

Con fuertes cargas policiales reprimieron ayer las fuerzas de seguridad alemanas las concentraciones que se realizaron en este país en el recuerdo de la efeméride. En un remedo grotesco y perverso de la situación de 1919, el Gobierno de Alemania apoya el genocidio del pueblo de Palestina y su canciller Scholz, líder del Partido Socialdemócrata Alemán, se alinea del lado de Israel en la demanda de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia, llegando a manifestar que la acusación sudafricana de genocidio "no tiene base ninguna".

Que el oportunismo y el reformismo es el peor enemigo de un pueblo, porque no dudará en venderle con engaños al mejor postor con tal de mantener los privilegios de la clase burguesa a la que en realidad defiende, es algo que sucedió en París en 1871, en el suceso alemán que comentamos de 1919 y en otras numerosas ocasiones desde los inicios del capitalismo. Y ocurre igualmente hoy, con los socialdemócratas europeos que, en mayor o menor grado de complicidad, ocultan a su pueblo la realidad imperialista que se esconde tras el genocidio de Palestina.

Ni con las cargas policiales ni con el inmenso aparato de la ideología dominante lograron enterrar el mensaje de Rosa Luxemburgo, incluso aunque hoy la socialdemocracia alemana se disfrace hipócritamente de ecologismo verde. Si no fueron capaces de hacerla callar siendo mujer en un mundo entonces exclusivo para los hombres, ni por asomo pueden acallar su eco en estos días en los que al imperialismo se le cae la careta y desvela sus mayores iniquidades.

Siendo muy joven ingresa en el Partido Socialdemócrata Alemán, que en aquellos años se había distanciado ya de aquel partido que, unificando las posturas de Lasalle y Liebknecht padre, acometía un programa unitario, aunque con críticas de Marx y Engels. Bajo la dirección de Eduard Bernstein y Karl Kautsky el partido llegó a oponerse a los cambios sociales radicales y revolucionarios. Posteriormente la organización se sitúa favorable en la participación de Alemania en la guerra. Para Luxemburgo, clara conocedora del verdadero filo revolucionario del mensaje marxista, esto era intolerable y pronto de inicia su enfrentamiento con Bernstein y Kautsky, así como hiciera Lenin. El inevitable enfrentamiento origina la creación de la Liga Espartaquista, preludio del Partido Comunista de Alemania (KPD).

La historia del socialismo y del movimiento obrero en general ha presentado históricamente dos caras. Una de ellas es reformista y considera posible una evolución pacífica y por etapas del capitalismo hacia una sociedad más justa y socialista. Al ser más aceptable para los poderes económicos, ha acabado adaptándose al sistema y evolucionando hacia una especie de posibilismo oportunista que mediante logros democráticos cree posible empujar a la sociedad capitalista hacia una versión mejorada o de rostro amable.

La otra cara, en cambio, no es ciega al mensaje teórico formulado por los iniciadores del socialismo científico y considera que las transformaciones deben ser radicales -buscar la raíz- para llegar a ser verdaderamente revolucionarias. Al nombrarlo en palabras sencillas parece un asunto de matices o de opiniones entre personalidades más o menos conformistas. Nada de eso. Las aportaciones de mentes brillantes como la de Luxemburgo demuestran que es una cuestión, para la clase obrera mundial, de ser o no ser.

Luxemburgo tuvo una vida difícil y sufrió el encarcelamiento en diversas ocasiones debido a su fuerte compromiso. Ello no fue impedimento para que escribiera diversas obras de gran repercusión hasta la actualidad o ejerciera de profesora para los cuadros de su partido, cuyas clases nos llegaron en un imprescindible texto, Introducción a la Economía Política, en el que el militante puede acercarse a uno de los mensajes fundamentales de la autora: la teoría es imprescindible para entender cómo funcionan las sociedades y es por ello que los expertos oficiales se esfuerzan en volver su contenido ininteligible por la mayoría; no obstante, la comprensión de los fundamentos económicos no es inaccesible para la clase trabajadora.

El alejamiento de la dialéctica por parte de los oportunistas como Bernstein es contestado por Luxemburgo en Reforma o Revolución, texto en el que denuncia el retraso sine die de los reformistas en cuanto al "programa máximo", esto es, la revolución y la emancipación de la clase obrera, a través de la propuesta descafeinada de ideales éticos con los que se pretende eludir la correcta visión dialéctica del antagonismo de las clases en la totalidad de las circunstancias que componen la realidad social. La participación consciente de los trabajadores, activa y no pasiva, lleva a entender que la inevitable capacidad de adaptación del capitalismo es corregible mediante la organización de la clase obrera y la toma del poder, mediante la conquista del poder político.

La lucha principal de Luxemburgo, contra el oportunismo socialdemócrata, es más que vigente hoy. El odio de sus enemigos, finalmente mortal y asesino, es la prueba de su veracidad.

Si en la etapa histórica que le tocó vivir, culminada en la Primera Guerra Mundial, fue la firma de los créditos de guerra por manos de los supuestos izquierdistas la clave de la traición a la clase obrera, son hoy los recortes en Sanidad, en Educación y en gasto público, o el inmenso gasto en armamento hacia Ucrania o Israel, el equivalente traidor de aquellos créditos, hoy firmados por los cínicos representantes de los Gobiernos autopercibidos como progresistas.    

domingo, 14 de enero de 2024

Tres fuentes y tres partes integrantes del leninismo



No temas preguntar las cosas, camarada. No te dejes influenciar, averigua tú mismo. Lo que no sabes por cuenta propia, no lo sabes.

Elogio del Estudio; Bertolt Brecht


Un magnífico deseo para el nuevo año sería que los países occidentales retornen a la racionalidad. Las décadas que nos ha tocado vivir serán recordadas en el futuro como un periodo oscuro y cruel, plagado de guerras y genocidios, al que nos arrastró el imperialismo norteamericano en su declive. 

En lo cultural, probablemente este periodo recordará al oscurantismo de la Edad Media, en el que la censura del razonamiento sustituyó con hedonismo y vacuidad identitaria a la religión como herramienta para privar a las clases populares de su propia consciencia.

La estupidez generalizada en que vivimos encuentra un gran caldo de cultivo en la incapacidad para apreciar el origen material de los fenómenos sociales y su desarrollo histórico. Del mismo modo que nos hacen creer que lo que ocurra en Ucrania, Argentina o Ecuador, e incluso el horror que estamos presenciando en el genocidio premeditado del pueblo de Palestina, todo ello nos dicen es ajeno a lo que ocurre en nuestro país. Y por ello a nuestros políticos les basta con brindis al sol y llamadas a la paz tan falsas como falsa es la supuesta autonomía de nuestros Gobiernos.

Lúcido y brillante, Lenin advirtió que la filosofía comunista iniciada por Marx planteaba una visión del mundo cambiante y anclada en la rigurosidad de los datos empíricos, heredera de todos los avances sociales, políticos, filosóficos y económicos de su tiempo anterior, con el método del materialismo histórico.

En su texto Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, Lenin expone de manera breve, en apenas un folleto de tres páginas en octavo, los fundamentos del marxismo. De manera muy resumida, podría decirse que este conocido texto "brinda a las personas una concepción integral del mundo, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa", puesto que es "heredero legítimo de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés".

¿Cómo sería hoy un texto similar que describiese las fuentes y partes integrantes del leninismo?

Para empezar, tendría que ser un texto en sí mismo materialista. Quiero decir, al escribir su Tres fuentes Lenin se refiere a los logros de Marx comenzando por el método de análisis del materialismo histórico, empleando a su vez un método materialista: los avances filosóficos, económicos o políticos no surgen de manera espontánea como las setas en un bosque, ni son producto de la mente particular y aislada de una persona aunque fuese tan brillante como Marx. Son producto del proceso evolutivo general en el que los avances previamente obtenidos permiten servir de apoyo para lograr los sucesivos progresos.

Si he mirado lejos es porque subí a hombros de gigantes, es una frase atribuida a Newton en la que el padre de la mecánica agradecía el conocimiento adquirido a través de los investigadores que le precedieron. Pues bien, Lenin nos viene a decir que los hombros de gigantes sobre los que caminó Marx fueron, como sabemos, la experiencia adquirida en los procesos revolucionarios sucedidos principalmente en Francia al calor de su Revolución y que marca el fin de la Edad Moderna, los estudios de los economistas significativos de ese periodo de capitalismo incipiente, que eran principalmente anglosajones, y asimismo los avances filosóficos de su tiempo que se desarrollan principalmente por autores naturales de la actual Alemania.

Si observamos, el proceso de razonamiento de Lenin es intencionado y, dada la intención principalmente didáctica del texto, muy claro en sus determinaciones: la filosofía que propone Marx no es una cuestión dogmática, no es una cuestión de resaltar esta o aquella frase sentenciosa, para aplicarla sobre una situación actual como quien reproduce una receta aplicando todos sus ingredientes.

Pues bien, en el ejercicio de imaginación que propongo, utilizando el mismo método materialista, podríamos llegar a la conclusión de que en cuanto al aspecto filosófico, el desarrollo del pensamiento dialéctico de Hegel tiene en Lenin su equivalente en el desarrollado y enriquecimiento del concepto del materialismo dialéctico.
 
Sobre la fuente económica, los avances científicos desarrollados por Marx en el capital, son a su vez evolucionados por Lenin en el estudio del imperialismo, que fue la lógicamente el momento histórico que le tocó vivir unas décadas después a Lenin, con el desarrollo del capitalismo que en la época de Marx fue en su momento incipiente y que al desarrollarse produce las peculiaridades que conocemos gracias a Lenin, que fue quien describió esta fase superior del capitalismo que es el imperialismo. 

Esas serían las fuentes filosófica y económica, nos quedaría entonces el equivalente a la fuente política, lo que en Marx y Engels fue la aportación del socialismo científico. De la experiencia de las revoluciones anteriores, como la Comuna de París o las experiencias rusas de 1905 y en los primeros meses de 1917, Lenin desarrolla el análisis político hacia el análisis concreto del momento concreto. Ese análisis lleva nada más y nada menos que al mayor hito que haya logrado la humanidad, al menos desde el punto de vista social, que fue la gran Revolución Soviética de Octubre.

Siguiendo el razonamiento que se hizo Grigory Lukaks, si el comunismo es la teoría de la revolución proletaria,  puede decirse que la grandeza de un pensador proletario es la profundidad de su visión de los problemas politicos. Es decir, su valor se mide por el acierto con que es capaz de percibir correctamente, detrás de los fenómenos de la sociedad burguesa, esas tendencias de la revolución proletaria que conducen a la conciencia clara. Según estos criterios, nos dice Lukacks, Lenin es el pensador más grande que haya producido el movimiento obrero revolucionario después de Marx.

Sí observamos este análisis político y concreto de Lenin tiene una serie de características muy definidas. en primer lugar está fuertemente basado en la teoría, de manera que no hay práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria.

Esto implica a su vez dos cosas, primero que toda la teoría tiene que estar orientada a su vez a la acción. Es decir, hay una relación dialéctica entre la teoría y la práctica de manera que ambas están íntimamente implicadas. Y en segundo lugar se sobreentiende que toda la filosofía, toda la ideología, todo el análisis teórico está orientado para la acción, porque su finalidad es profundamente partidista, es decir, un analista político, un filósofo o cualquier persona que haga un análisis social, inherentemente, o sea en sí mismo y aunque parezca no quererlo. toma partido.

Está tomando partido incluso el que aparentemente es equidistante o aparentemente no se sitúa. Incluso el equidistante sí está situando, porque se coloca del lado de la ideología dominante. Lenin nos dice que esto no es así, hay que tomar partido siempre, en todo lo que pensemos, nuestro objetivo final es la libertad, la emancipación de la clase trabajadora, esa es el el horizonte final que no tenemos que perder de vista, aunque en el camino hagamos pausas o hagamos etapas tácticas, pero el objetivo final siempre es ese y nosotros tenemos que tomar partido, no podemos ser equidistantes, es falso ser equidistante.

Lukacks consideraba que la superioridad de Lenin tampoco puede explicarse a base de fórmulas manidas como “genialidad política”, “clarividencia práctica”, etc. Es más bien una superioridad puramente teórica en el enjuiciamiento del proceso general. la máxima fundamental de esta posición es la exigencia de un análisis concreto de la situación concreta. Para un marxista el análisis concreto de la situación concreta no se opone a la teoría pura; por el contrario, constituye el punto en el que la teoría encuentra su realización verdadera, el punto en el que se transforma en praxis.

Y esto es actualidad pura. Sin tener claros los conceptos de imperialismo, descrito por Lenin, y sin tener en cuenta su desarrollo teórico sobre el Estado, es imposible entender la situación que vivimos en la actualidad.

La guerra estructural del imperialismo norteamericano, agudizadas hoy en Ucrania y ahora con un nuevo foco en el Mar Rojo, puede ser quizás explicada por la teoría política establecida y oficial. Así lo hacen por ejemplo los medios de masas modernos, todos los periódicos y televisiones. Pero, obviamente, su interpretación es sesgada y su análisis es incompleto.

Le falta la comprensión del imperialismo actual y la posición de los Estados occidentales, verdaderos peleles en manos de los intereses de los grandes fondos de inversión que cotizan en las bolsas occidentales.

En ese texto, Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, nos decía Lenin en una frase que a mi me parece merecedora de ser enmarcada:  las personas han sido siempre en política víctimas necias del engaño y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases declaraciones y promesas Morales religiosas y políticas los intereses de una u otra clase.

martes, 9 de enero de 2024

Las «políticas útiles» perjudican seriamente su Sanidad

 



La nueva ministra de Sanidad, Mónica García, ha anunciado en una entrevista que planteará que los pacientes puedan, mediante declaración responsable, justificar una enfermedad leve durante los 3 primeros días sin tener que pedir la baja en la consulta de su médico. La medida sería planteada a los organismos de las Comunidades Autónomas y aún tendría que ser acordada lógicamente con Seguridad Social.

Señala García que es «una demanda histórica de los profesionales de Atención Primaria» y que ya hay países que tienen este sistema. En el mismo sentido, responsables de las entidades de profesionales sanitarias han manifestado que es una medida que empoderaría al paciente para que sea autosuficiente y responsable de su enfermedad. Hay que señalar que se entiende que la medida sería coyuntural y motivada por la situación estacionaria de aumento de casos gripales.

La propuesta suscita un evidente debate. En una primera apreciación puede parecer bastante positiva y dentro del sentido común. Reducir burocracia en un momento de repunte de los contagios gripales entra dentro de la lógica. De hecho, voceros de la parte patronal ya se rasgan las vestiduras. Así, el medio Economista.es ya asegura, antes de ser ni siquiera planteada, que las «autobajas» permitirían una «laxitud» que tendrá un grave impacto en las empresas, que calculan apunta a un coste de 2.274 euros por trabajador durante las 72 horas que puede el empleado estar de autobaja (nota mental, tendremos que hacer otros cálculos los trabajadores, si es cierto que por tres días pierden más de dos mil euros y nos pagan unos mil al mes).

Sin embargo, observando el asunto con la debida perspectiva, la cuestión pierde lógica y el empoderamiento no parece tanto.

En primer lugar, si de verdad quisieran «empoderar» a los pacientes, lo primero que debería hacer la ministra de Sanidad, que se arroga la categoría de progresista, es derogar la ley que privatiza la Sanidad Pública y expolia sus recursos hacia intereses privados que se lucran con una necesidad.

Porque el deterioro de la Sanidad Pública no es una cuestión puntual que haya repuntado ahora por el frío. Los recortes y expolios vienen de lejos, precisamente de cuando estos paladines del progresismo y las políticas útiles medraban en los nuevos partidos partidos políticos y acapararon -y desmovilizaron- el descontento social de la crisis capitalista.

En segundo lugar, ¿para quiénes gobiernan? ¿Para quiénes son tan «útiles» sus políticas? Me pregunto qué tipo de trabajador puede permitirse auto declararse agripado y avisar a su empresa que va a faltar tres días. Desconocen absolutamente en qué situación está la inmensa mayoría de sus paisanos.

En el mundo de la realidad, las personas a las que apenas les llega para pagar el alquiler o la hipoteca tienen miedo, por mucho que nos digan que nos protege un «escudo social». Tienen miedo a verse en el paro, que eso sí es de verdad indefinido. Tienen miedo a que los empresarios, que poseen todo el poder y el desahogo, tomen represalias, en una tesitura en la que comprar lo mínimo que se despacha para mantener a una familia, supone desvalijar la cartera de un empleado medio.

Si usted quiere de verdad empoderar a los pacientes, señora ministra, lo tiene muy fácil. Contrate personal público. Aumente las plantillas -saturadas al máximo de trabajo- de los centros sanitarios. ¡Con personal público, señora ministra, no con subrogados temporales de una privada!

Y si ya quiere empoderar del todo, eche del país a los miserables que se lucran obscenamente con la salud de las personas. Haga públicas las empresas sanitarias privadas, y si los dueños de esas empresas se quejan, invíteles a la auto baja pero no por tres días, sino indefinida.