sábado, 18 de enero de 2020

¡Los comunistas quieren la abolición de la familia!

Con la polémica del llamado "pin parental", la ultra derecha retoma su lado fascistoide para avivar una vieja propaganda digna de la mejor escuela goebbeliana: ¡los comunistas quieren robarnos los niños y destruir las familias!

Imagen del twitter oficial del PP, que no desentonaría entre las portadas más delirantes de ABC


Este tipo de campañas son tan antiguas como el propio comunismo. Desde sus inicios, Marx y Engels y sus partidarios tuvieron que hacer frente a campañas de ese grosero dislate.

La mejor manera de comprobar algo -hay que insistir siempre- es acudir a las fuentes originales, no al reflejo de la sombra en el fondo de una cueva que supone la interpretación sesgada que suele hacerse. En el Manifiesto Comunista, leemos:

¡Abolición de la familia!  Al hablar de estas intenciones satánicas de los comunistas, hasta los más radicales gritan escándalo. (...)

Pero es, decís, que pretendemos destruir la intimidad de la familia, suplantando la educación doméstica por la social.

¿Acaso vuestra propia educación no está también influida por la sociedad, por las condiciones sociales en que se desarrolla, por la intromisión más o menos directa en ella de la sociedad a través de la escuela, etc.? No son precisamente los comunistas los que inventan esa intromisión de la sociedad en la educación; lo que ellos hacen es modificar el carácter que hoy tiene y sustraer la educación a la influencia de la clase dominante.

Esos tópicos burgueses de la familia y la educación, de la intimidad de las relaciones entre padres e hijos, son tanto más grotescos y descarados cuanto más la gran industria va desgarrando los lazos familiares de los proletarios y convirtiendo a los hijos en simples mercancías y meros instrumentos de trabajo.


¿Supone el comunismo una falta de libertad individual?

En el capitalismo, la libertad se entiende como el librecambio, la libertad de comprar y vender. Más aún, la libertad personal y la iniciativa están reservadas a quienes poseen el capital o los medios; quienes no poseen carecen de esa iniciativa y dependen del ofrecimiento de trabajo por los demás. Por tanto es una libertad ficticia o libertad relativa, para unos sí y para otros no.

Si desaparecen los motivos que originan las diferencias entre clases -la posesión en manos de unos pocos de los recursos-, entonces podremos empezar a hablar de libertad para la mayoría y de un sistema que no depende de la miseria de muchos para la libertad de unos cuantos.

Los detractores del comunismo suelen acudir al tópico de las colas para repartir alimentos o bienes básicos que creen se produce en los sistemas socialistas. Sin embargo,no se ven las "colas invisibles" que formaría la inmensa mayoría de personas que no puede permitirse comprar en las tiendas cuyas puertas parecen estar abiertas a todos, pero sólo se lo pueden permitir unos pocos.


¿Es el comunismo un sistema que generaliza la pobreza?

Muchas personas han asimilado la insistente propaganda capitalista que da una imagen del comunismo como un régimen oscuro y empobrecedor que dirige a la sociedad a la ruina y a la carencia de los bienes básicos.

Observemos, sin embargo, que en la sociedad capitalista en la que vivimos no es necesario dirigir nuestra vista a horizontes muy lejanos para descubrir la miseria. En nuestro entorno podemos ver personas que carecen de agua o electricidad o un techo, e incluso alimentos. Familias son despojadas de sus viviendas por haber sido despedidos de sus empleos. Enfermos mueren en listas de espera por no poder costearse un tratamiento privado. 

¿Es ese sistema capitalista un sistema que genera riqueza? Si la genera lo hace sólo para unos pocos y a costa de la miseria de los otros.
El temor que ciertas personas poco informadas sienten hacia el comunismo es el pánico que los capitalistas les transmiten: pánico a abolir la propiedad privada. Es lógico los capitalistas tengan miedo, pues al abolirla desaparecerá su privilegio de vivir de los despojos de todos los demás. Los trabajadores no deben sentir miedo por ello, ya que nada tienen que perder excepto la relación de dependencia con los propietarios que les explotan.

A lo que aspira el comunismo es a convertir los recursos en propiedad de todos, en algo común a todos los miembros de la sociedad. Se trata de transformar el carácter colectivo de la propiedad para despojarla de su carácter de clase, es decir, para que no existan las clases sociales. 

Toma de la ciudad brasileña de Sao Paulo. Una barrera separa en pocos metros a paupérrimas favelas de lujosas mansiones. Imagen habitual en el mundo capitalista.

¿Pero no ocasionará esa sociedad igualitaria una tendencia a la vagancia y la desidia?

También se dice que si la sociedad se encarga de ofrecer las necesidades básicas en régimen común,  en lugar gestionarla en manos privadas, esto provocará la indolencia generalizada.
Si esto fuese cierto, llevaríamos siglos viviendo en la holgazanería, dado que nuestra sociedad se fundamenta en que unos muchos trabajan produciendo para otros y esos otros reciben el beneficio sin trabajar. Al desaparecer el capital lo que desaparecería es el trabajo asalariado, el trabajo como una mercadería más, pero se abriría la posibilidad de trabajar para el enriquecimiento común.

Las televisiones han popularizado una clase de jóvenes que ven en la fama fugaz  un medio de vida. El culto al cuerpo o el atrevimiento sustituyen a los valores del esfuerzo o el estudio. Además esa moda fomenta los estereotipos más sexistas.


¿El comunismo acabará con la cultura?

Otra de las falacias comunes en la propaganda capitalista es que la sociedad comunista, al evitar el enriquecimiento personal, provocaría también la falta de iniciativa en artistas y promotores de la cultura, ocasionando un mundo gris y triste sin espectáculos brillantes ni entretenimientos.

Esto es otra calumnia sin fundamento. La cultura, como cualquier otro aspecto de la vida, se encuentra totalmente mercantilizada en el capitalismo. La educación en general se encuentra hoy día dominada por el interés económico. Las asignaturas relacionadas con la Filosofía o la Literatura son desdeñadas en beneficio de otras asignaturas consideradas más prácticas por preparar a los jóvenes para ser piezas adiestradas para la maquinaria productiva.

Así mismo ocurre con la cultura, convertida como todo en objeto de lucro particular, de modo que sólo los artistas apadrinados por el Capital -y por tanto sumisos y condescendientes con el sistema- son los que tienen repercusión, mientras que el arte alternativo o antisistema es perseguido o hundido en la marginación. Al desaparecer las contradicciones de clase, el arte popular que actualmente permanece reprimido y oculto, afloraría sin impedimentos.

A la izquierda. Red Son, el Supermán "comunista" de DC Comics, es un héroe gris y triste, dominado por el malvado Stalin. A la derecha, Greta Garbo en la famosa película de Lubitsch, Ninotchka, interpretando a una severa y austera agente soviética que visita París y cae rendida ante el brillo de la sociedad capitalista. Dos entre los miles de tópicos sobre personajes comunistas antipáticos que pueblan el cine y la literatura.

¿Quieren los comunistas colectivizar a las mujeres en régimen de comuna?

Otra acusación que está instalada en la imaginación de las críticas más conservadoras es que el comunismo pretende acabar con la familia tradicional (como se comentaba al principio). 

Se trata de otra de las hipocresías de la sociedad burguesa. Si nos detenemos a observar a la familia actual, la que vive -sobrevive- en el capitalismo, veremos enseguida las incongruencias: el papel de la mujer, sometida al varón y rebajada en lo laboral y lo social, en muchas situaciones expuesta a la absoluta explotación de la prostitución; la incapacidad de muchas parejas para tener hijos por no poder cuidar de ellos; el trabajo infantil en las zonas en desarrollo como base de los ingresos de multinacionales europeas y norteamericanas; la imposibilidad, en definitiva, de las familias a vivir una vida tranquila sin estar supeditada a los intereses mercantilistas del Capital.

Al cambiar las situaciones que provocan la explotación, se terminará con el uso de las mujeres y de las familias en general como simples instrumentos de producción, mercaderías que pueden usarse y tirarse. 

 En definitiva, la cultura, la sociedad, la forma de vida y todas las relaciones entre las personas, al estar condicionadas por las condiciones materiales, pueden transformarse si esas condiciones cambian. 

Es debate en estos días la llamada "gestación subrogada", que no es otra cosa que la pretensión del alquiler de los úteros femeninos. Junto con la prostitución, son formas de explotación de la clase trabajadora -doblemente atacada en el caso de la mujer- que es considerada como una mercancía más, puesta a uso y disfrute del Capital.

sábado, 11 de enero de 2020

¿Qué significa ser comunista?



Prometo que no es invent. Mi hija tendría unos tres añitos y empezaba a parlotear frases. Caminábamos de noche por la avenida principal de Mairena, su cabeza apoyada en mi hombro. Cuando pasamos frente a la sede del Partido, cerrada a esas horas, escuché su vocecita decir: mira, papá, el "pueblo unido" está dormido. 

Comprendí que en su cabecita había mezclado imágenes de la famosa canción del grupo Quilapayún (que yo solía ponerle en el móvil) en un video montado con imágenes que también habría visto en los pósters de la sede. Desde entonces hasta ahora, cuando hay algún acto o alguna manifestación, ella me pregunta si voy al "pueblo unido". 

A su manera infantil había dado una definición muy simple pero bastante cercana a lo esencial, el comunismo podría definirse básicamente en el pueblo unido. Sería una breve definición desde un punto de vista amable. Con la reciente formación del nuevo gobierno se ha disparado el uso de esta palabra en los medios y las redes sociales. El "gobierno comunista" hará esto o lo otro, dice la gente, ciertos medios hablan de las consecuencias del comunismo y que supuestamente viviremos en España a partir de ahora.

Pero ¿es correcto el uso del término "comunista" en ese contexto? Algún lector podría pensar que hoy día se han perdido tantos derechos y hemos sufrido tantos recortes que una simple subida de impuestos o una ayuda a un sistema público se aprecia como comunismo. Es cierto que el significado de las palabras varía con el uso popular. Pero debe haber alguna manera  más precisa de definirlo.

Si saliéramos a la calle en este mismo momento y preguntáramos micrófono en mano como un reportero a la gente que pasa, posiblemente obtendríamos definiciones no tan amables. El ciudadano medio, instalado en un cómodo espejismo apolítico (ni de izquierdas ni de derechas), tiende a un concepto del comunismo que mezcla desconocimiento y propaganda. 

Me apuesto a que en una pequeña encuesta callejera encontraríamos definiciones que oscilarían entre una idea del comunismo similar a una "bella utopía bienintencionada pero que acaba en totalitarismo y coarta la libertad" hasta una "doctrina que fomenta la miseria y el caos".


Dentro de las definiciones catastrofistas, frecuentes en nuestros sensatos políticos demócratas del centro moderado, pongo al azar un ejemplo de ayer:

Tal como esta víctima del perverso comunismo cubano y #freedom-fighter a tiempo completo, muchos pensadores actuales comparten un concepto de los comunistas semejante: seres despreciables, grises, fastidiosos, intolerantes, cargantes, retorcidos, envidiosos, mostachudos, insidiosos, mediocres, lascivos, holgazanes, resentidos, colaboradores de regímenes que causan hambre y miseria en el mejor de los casos y en su peor versión cientos de millones de muertes por todo el planeta. 

Bien. Hay que reconocer que en algo sí tienen razón. Los comunistas suelen ser personas muy puñeteras, muy quisquillosas. Hacen demasiadas preguntas. Siempre andan cuestionando todo,  incluso lo más sagrado y establecido. De todo cuanto oyen y ven preguntan: ¿a quién beneficia esto o aquello?, ¿por qué motivo?, ¿desde cuándo es así?, y otras preguntas capciosas. Recuerdan a esos niños repelentes a quienes se les acaba de regalar un juguete y, apenas unas horas después, ya los han roto para averiguar qué es lo que hay dentro.




Si tuviera que elegir mi definición de comunista preferida, tomaría una frase del "libro de cabecera" de los comunistas, que es su Manifiesto (siempre es un buen consejo, amigos, cuando se trata de saber sobre algún tema, acudir a las fuentes originales). En este blog ya hemos hablado mucho del Manifiesto del Partido Comunista y puedes repasarlo buscando bajo la etiqueta manifiesto.


En este libro fundamental para entender nuestro mundo y que seguro los trabajadores hemos leído todos (ejem), hay un apartado que trata sobre las relaciones entre los comunistas y los proletarios (currantes). Allí, Marx dice: los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos obreros, no tienen intereses opuestos, ni proclaman principios especiales. Los comunistas sólo se diferencian de los demás partidos en que, en cualquier lucha o cualquier momento o país, saben distinguir y hacen valer los intereses de la clase trabajadora.

Así pues, los comunistas se definen por su capacidad para distinguir cuáles son los intereses de la clase trabajadora.

Un lector perspicaz diría entonces ya está, denme mi carnet del Partido, ya me lo gané, cualquiera sabe qué es lo que interesa a los trabajadores. Bueno. No nos emocionemos tan pronto. En realidad saber distinguir los intereses de la clase trabajadora en una determinada situación no es tan sencillo. De hecho a veces es bastante complejo y necesita un análisis elaborado.

¡Sí, hombre!, responde el lector perspicaz, si está bien claro. Veamos un par de ejemplos para averiguar si es tan sencillo o no. En primer lugar, observemos que esta definición da por hecha la existencia de la clase trabajadora (parece obvio pero hoy día no lo es tanto, incluso para muchos compañeros de lucha). 
Un video con miles de visualizaciones que pretende demostrar el fracaso del comunismo según su "éxito". No dicen nada del éxito del sistema que defienden y que es hegemónico en la actualidad, el capitalismo, en el mundo cruel y horrible que vivimos.


Por ejemplo, supongamos que en una reunión de amigos trabajadores escuchamos la noticia de que tal o cual gobierno va a reducir los costes de alguna administración para ahorrar y dar ejemplo de austeridad. Todos los amigos trabajadores convienen en que eso es bueno. Pero ahí es donde el resabiado y odioso comunista salta como un resorte y exclama: es bueno... ¿para quién?

Y todos volverán la vista y pensarán jodido comunista amargado. Pero pensemos, esa austeridad ¿a quién se aplicará? ¿Se llevará a cabo reduciendo puestos de trabajo o salarios? ¿Recortará servicios públicos que ofrecían soluciones a quienes los necesitaban? Y en ese caso, ¿sale favorecido el trabajador o los propietarios de empresas privadas? 

Viéndolo así, la perspectiva cambia. Otro ejemplo: un grupo de parados escucha que un empresario propietario de una multinacional anuncia que abrirá una sucursal en nuestra ciudad. El medio informativo comenta que gracias a la iniciativa emprendedora de ese empresario, la ciudad será más rica. Los parados festejan la noticia. Pero de nuevo el comunista entrometido sale de detrás de la cortina y grita: ¿gracias a quién crecerá la riqueza? Gracias al empresario, que arriesga sus medios, contestan los otros. Pero entonces -insiste el cargante rojo-, si en esa sucursal los obreros se ponen de huelga, ¿por qué deja de producir y de dar beneficio si la riqueza la crea el empresario y no los trabajadores? ¿Por qué el empresario con su riesgo y sus medios no produce nada si no hay obreros? ¿Quién crea la riqueza entonces? 



De nuevo, esta otra manera de ver la realidad nos da una perspectiva distinta. No es tan sencillo como parece, ¿verdad? La pregunta entonces es por qué resulta tan difícil saber distinguir los intereses de la clase trabajadora.

La respuesta viene de nuevo de manos de nuestro amigo Carlitos Marx (el que no era de los hermanos Marx): la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. La clase dominante -la que posee la riqueza y los medios para producirla- no se conforma con la supremacía económica sino que necesita además poseer todo el aparato que crea la ideología -la conciencia, el modo de pensar y entender la vida- de la sociedad.

De este modo la clase dominante, teniendo los trabajadores la mentalidad que defiende sus intereses y no los de su clase, no sólo se asegura la superioridad económica sino que se asegura además su continuación, el medio en que se transmitirá a las sucesivas generaciones, haciendo estable el sistema social que les beneficia.

La mala noticia, por tanto, es que no es tan fácil como parece. La buena es que aprender a hacerlo está al alcance de nuestras manos. Y que esa manera de entender la realidad conduce a una verdad que contiene un gran poder: las enseñanzas de Marx son todopoderosas porque son ciertas, dijo nuestro amigo Lenin en un librito que puedes repasar aquí y que viene al pelo para iniciarse en ese conocimiento. 

Bertolt Brecht escribió que el camino de la verdad, esto es, el camino que debe seguir un comunista informado y que quiera ayudar a sus compañeros, tiene tres requisitos:

- ser valiente para decir la verdad (no siempre es fácil)

- tener la inteligencia para descubrir la verdad (formarse y formarse y nunca parar de informarse).

- hacer de la verdad un arma, es decir, transmitirla, difundirla a otros trabajadores, por ejemplo militando o  colaborando con las agrupaciones o manteniendo contacto con otros comunistas.

Leer, informarse no sólo de la actualidad sino de nuestra historia, aprender a observar como lo haría un científico, esas son las tareas, no conformarse con la realidad paralela que nos aportan los medios. Y ser valiente, aportar nuestro granito de arena. Duro pero necesario. Es el único modo para que los trabajadores logremos ese objetivo, ser el pueblo unido.

Salud.

Entradas del blog relacionadas con este tema y que pueden interesarte:
- tres fuentes integrantes del marxismo, Lenin te resume lo que deberías leer, gracias Vladimiro

- para leer el Manifiesto para comprender a Carlos y Fede y su manifiesto

- sobre la ideología dominante y la perspectiva materialista del socialismo científico, la ideología alemana

jueves, 19 de septiembre de 2019

¿Por qué el Anti-Dühring?

Nuestro viejo amigo Vladimiro decía en aquel folleto llamado Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo (aquí se hizo un repaso) que el texto conocido como el Anti-Dühring era uno de los libros "que no debía faltarle a todo obrero con conciencia de clase".

La subversión de la ciencia por don Eugenio Dühring, que era el nombre verdadero, conocido como Anti-Dühring (supongo que como eco de una obra de Julio César dirigida a Cato, Anticato) sabemos que es un texto de referencia para los comunistas, puesto que en un formato breve y muy asequible a cualquier lector resume las ideas principales del materialismo dialéctico. 

En él podemos leer a Engels refutando las teorías de don Eugenio de manera detallada y a al mismo tiempo una especie de contrapartida argumental con las teorías marxistas. Por eso es interesante el texto, porque resulta muy didáctico leer las ideas marxistas expuestas de manera esquematizada y además en cierto modo comparadas con las ideas de un adversario ideológico contemporáneo de Marx y el propio Engels.


Es por eso que recomiendo su lectura a todo estudiante joven o a quien esté queriendo iniciarse en el marxismo, aunque sea talludito como es mi caso. Pero aquí no venimos a hablar del libro. Me interesa más bien dar una respuesta a estas preguntas: ¿quién era Dühring? ¿Por qué Engels le dedicó toda una obra? ¿Por qué se le atacó con esa dureza? 





Si pudiéramos traer, de una manera mágica, al señor Dühring hasta nuestros días y hacer que conviviese en el actual panorama político, yo me apuesto que las cadenas de TV se rifarían su presencia. No sé si los más famosos periodistas de hoy lograrían convencerle; al parecer don Eugenio tenía un carácter complicado, pero seguro que la Sexta Noche habría movido cielo y tierra para llevarle ante las cámaras en su show político nocturno. 


¿Quién era Dühring? En internet pueden leerse comentarios que me parecen un tanto despectivos -Dühring no sería conocido hoy día si Engels no se hubiera visto obligado a mencionarle-, pero es verdad que su mensaje no ha llegado a la posteridad. Lo cierto es que en su tiempo fue un personaje muy peculiar y bastante popular.

David Riazanov, historiador del marxismo y miembro del Partido Bolchevique, escribió (1): "leyendo el Anti-Dühring podría suponerse que era un perfecto cretino. Pero Dühring no era precisamente un mentecato, sino un hombre de gran valía, poseedor de cualidades aptas para suscitar el entusiasmo y la admiración de la juventud. Poseía una cultura enciclopédica que se movía y orientaba libremente en los problemas de las ciencias naturales y la filosofía, de la economía política y del socialismo. Sus doctrinas exponían un sistema ideológico completo y daban respuesta a las preguntas más torturantes." 


Tampoco era precisamente un desconocido en su tiempo. Dice Riazanov: "Había conquistado ascendiente entre la juventud debido al odio que los profesores abrigaban contra él. Añádase que su vida estaba lejos de ser feliz, como no puede serlo la del hombre que a los veintiocho años se queda ciego y está obligado a adquirir todos sus conocimientos con ayuda de otros. Había sufrido mucho y eso contribuía a que conquistara simpatías".


Al parecer fue en su momento una persona muy influyente en el ambiente político de la Alemania de aquellos tiempos. Durante años fue admirado por los jóvenes estudiantes de la Universidad de Berlín. Acompañado de un niño llegaba a la universidad y explicaba filosofía y política ante una legión de admiradores que le escuchaban embelesados. Tal era su autoridad que se puede hablar de un culto a su figura en Berlín. 


Llegó a ejercer influjo incluso entre compañeros de Marx y Engels en el partido socialdemócrata, aunque su ideología era distante a la marxista. Dühring criticó abiertamente las teorías de Marx y era visto por sus admiradores como un radical que señalaba las "deficiencias" del socialismo científico desde una posición más a la izquierda. 

La situación de los socialistas de Alemania era difícil. Presionados por la persecución del gobierno, de un carácter muy reaccionario y represivo, los socialistas alemanes entendieron la conveniencia de unirse en un solo partido. En aquel momento se hallaban divididos en dos grandes tendencias, por una parte los seguidores de las tesis marxistas y por otra los de Lasalle. En 1875 se celebró el congreso de la ciudad de Gotha y se había creado un programa que en cierto modo uniría los propósitos de ambas tendencias, aunque no sin la crítica mordaz de Marx, quien como sabemos redactó un análisis muy duro en su texto Crítica al programa de Gotha

Dice Riazanov que el Partido Socialdemócrata Alemán nació en 1875 producto de la fusión, en el Congreso de Gotha, del Partido Obrero Socialdemócrata -de inspiración marxista y dirigido por Bebel y Liebknecht (padre de Karl, que años después sería asesinado junto a Rosa Luxemburgo)- y la Asociación General de los Trabajadores Alemanas, fundada por Ferdinand Lasalle. Esa unión inspiró una profunda desconfianza en Marx y Engels debido a las profundas concesiones hechas a los seguidores lasallianos. 

Esa desconfianza se agudizó al aumentar el dominio ideológico personificado en la figura de Dühring. El nivel intelectual de la socialdemocracia no era suficientemente elevado para haber aceptado aún, de manera total, las teorías marxistas y permitía ese desliz con tesis opuestas y poco científicas. Escribe Engels en el prólogo a la primera edición: "no se quería dar nuevamente ocasión a una división y confusión sectarias en el partido, todavía demasiado joven, y que acababa de llegar a la unión definitiva".  

Por tanto, un militante curioso que leyese acerca de este pasaje histórico del comunismo podría preguntarse ¿por qué ese ataque tan cruento a un supuesto compañero de partido, cuando era necesaria la unidad de los socialistas en aquel difícil momento?

Si conocemos el detalle de los hechos, la división producida por la distancia ideológica de las dos tendencias y las importantes diferencias teóricas que les separaban, la respuesta es clara. Marx y Engels dedicaron casi toda su vida a mantener la doctrina del socialismo científico, del materialismo dialéctico. El enfoque del profesor Dühring suponía poner en riesgo el avance que hasta el momento se había logrado en el desarrollo del socialismo moderno. Sus ideas eran erróneas e idealistas, aunque de apariencia radical casaban a la perfección con la corriente lasalliana, reformista e inocua para la política dictatorial del gobierno conservador de entonces.   



Veamos algunas muestras de ello en el propio texto. 
En una breve introducción, Engels parece querer sentar las bases del marxismo en un breve texto, como preparación o recordatorio de la lectura posterior. Inicia con una afirmación contundente: el socialismo moderno es por su contenido el producto de la percepción del antagonismo de clase entre poseedores y desposeídos, asalariados y burgueses, por una parte; y de la anarquía reinante en la producción, por otra. Pero, por su forma teórica, se presenta inicialmente como una continuación, en apariencia más consecuente,  de los principios establecidos por los grandes  ilustrados franceses del siglo XVIII.  Como toda nueva teoría, el socialismo moderno tuvo que enlazar con el pensamiento que existía previamente. Pero la raíz, el origen real del socialismo, reside en las condiciones económicas.

Continúa luego: un comunismo ascético que enlazaba con la tradición espartaca, fue la primera forma de la doctrina. Después vinieron los tres grandes utópicos: Saint Simon, Fourier, y Owen. (...) Los tres tienen en común el hecho de no representar los intereses del proletariado.

Un poco después: Semejante tipo de concepción es, en lo esencial, la de todos los socialistas ingleses y franceses y el de los primeros socialistas alemanes, incluyendo a Weitling. El socialismo es la expresión de la verdad absoluta, de la razón y la justicia absolutas, y basta con que sea descubierto para que por su propia fuerza conquiste el mundo; como la verdad absoluta es independiente del tiempo, el espacio y de la evolución histórica, es meramente casual la cuestión del lugar y el momento de su descubrimiento. (...) De ello no podía resultar más que una especie de socialismo ecléctico de término medio que domina las cabezas de la mayoría de los trabajadores socialistas de Francia e Inglaterra; mezcla, de una parte, de las manifestaciones críticas de los principios económicos menos contradictorios y, de otra parte, de las representaciones sociales futuristas de los diversos fundadores de escuela.
Para hacer del socialismo una ciencia había que empezar por situarlo en el terreno de la realidad.

En definitiva, la lucha de Engels contra Dühring es a grandes rasgos la misma de Marx con Proudhon, de Rosa Luxemburgo con Bernstein o Lenin con los mencheviques. 

En la historia del socialismo existen y han existido personajes bienintencionados, de gran influencia y predicamento en las masas, que no empleaban en sus métodos el materialismo sino conceptos idealistas que les llevaban a crear discursos de apariencia radical (o todo lo contrario, de apariencia pacífica y moderada) pero que en el fondo eran inocuos para el sistema, no tenían la consistencia ni la capacidad para hacer daño al capitalismo en sus fundamentos.



1. Enlace al texto completo en Fundación Federico Engels que contiene el interesante artículo de Riazanov Cincuenta años del Anti-Dühring. 




lunes, 10 de junio de 2019

Sobre el cartel contra la prostitución. Kollontai.

Ayer colgué en Twitter este cartel y ha tenido cierta repercusión entre los tuiteros que frecuento, así que creo que es interesante hacer alguna observación sobre este magnífico póster (aprovecho para citar el enlace donde lo vi,  aquí, que al parecer fue realizado por el Soviet de Sindicatos de Moscú en 1923).


Este es el cartelazo. Añado un enlace para descargarlo en buen formato aquí.

Bien. El texto que acompaña al dibujo es este: "Destruyendo al capitalismo, el proletariado destruye a la prostitución. La prostitución es una gran desgracia para la humanidad. ¡Trabajador, cuida a la trabajadora!" . 

Toda una declaración de intenciones. En mi modesta opinión, hay un mensaje instructivo disimulado en esas palabras y que se puede desglosar en dos aspectos:

Primero, sugiere un orden determinado, una sucesión cronológica que no es trivial: primero se destruye al capitalismo, por consiguiente el proletariado -clase victoriosa frente al capital- destruirá a la prostitución.

Esto es, el mensaje pone énfasis en que la legítima y necesaria lucha contra la prostitución y cualquier abuso contra la mujer está condicionada a un objetivo principal, que es la desaparición de las clases explotadas

Puede pensarse que esto es subordinar o relegar una lucha importantísima, o que se anteponen los intereses económicos o de politiqueo. No es así. Tampoco se trata de restar importancia a la lucha feminista o a la abolicionista de esta forma tan violenta -posiblemente la más violenta- de explotación. No se trata de eso. Se intenta explicar de ese modo que las diversas luchas no son compartimentos estancos, no existen en la guerra contra el capital batallas aisladas. La prostitución y toda la propaganda que suele acompañar a los argumentos que la justifican (es algo que siempre existirá, hay mujeres propensas a ello, los hombres tienen sus necesidades, cumple una finalidad social, etc etc) forman parte del mismo estilo de falsos argumentos que justifican la existencia de clases sociales o de la acumulación de propiedad privada en pocas manos o la justicia poética del mercado libre. Argumentos idealistas que no resisten un simple análisis materialista de la tozuda realidad pero que circulan con éxito entre la publicidad capitalista y permanecen enterrados en nuestro pensamiento gracias a la fuerza de la ideología dominante. Por tanto unificar la lucha y tener claro el objetivo principal de la batalla contra el entramado económico que sostiene las desigualdades sociales es fundamental, de ahí el énfasis del cartel en priorizar la eliminación del capitalismo y en consecuencia abolir -destruir- a la prostitución.

Segundo, vemos en la imagen al hombre serio con su mostacho y con el martillo que parece el de Thor en su mano, sosteniendo a la mujer, más pequeñita, caminando sobre capitalistas masacrados.

Alguien me comentaba en Twitter que era una imagen patriarcal que sonaba desfasada. Bueno, en realidad quizás sea un tanto paternalista, es cierto, pero en este caso poner atención en ese detalle me recuerda a aquella historia del que miraba al dedo que señalaba a la luna. El señor de blanco aquí simboliza a la fuerza imparable de la unidad de la clase trabajadora, con su cuerpo colosal y atlético y la herramienta de su trabajo como arma invencible. Recordemos que el cartel fue dibujado en 1923. 

Por otra parte, su finalidad es didáctica, lleva un mensaje que quiere difundirse entre sus espectadores. El espectador ideal sería en este caso un hombre, el consumidor de prostitución, que al verse reflejado en la imagen idealizada del obrero con conciencia comprende la importancia de colaborar en esta lucha. 

Que su figura sea gigantesca (recuerda un poco a las imágenes faraónicas) y que camine sin reparos pisoteando a los capitalistas refuerza ese mensaje: se trata de una lucha, un antagonismo inevitable entre explotados y explotadores. No hay medias tintas ni posibilidad de acuerdos o negociados. Sólo aplastando a la bestia se produce la liberación.

En fin, un poster que ya deberíamos estar encargando a la papelería de nuestro barrio para imprimirlo en formato póster y directo al salón de casa.

Termino con unas palabras al respecto de este tema de Alejandra Kollontai en su informe La prostitución y cómo combatirla


"La venta del trabajo de la mujer, que está estrecha e inseparablemente conectada a la venta del cuerpo femenino, se incrementa ininterrumpidamente, llevando a una situación donde la respetada esposa de un obrero, y no sólo la abandonada y “deshonrada” chica, se une a las filas de las prostitutas: una madre por el bien de sus hijos, o una joven como Sonya Marmeladova (la chica de Crimen y castigo) por el bien de su familia. Este es el horror y la desesperanza que resulta de la explotación del trabajo por el capital. Cuando los salarios de una mujer son insuficientes para mantenerla viva, la venta de favores parece una posible ocupación complementaria. La moral hipócrita de la sociedad burguesa fomenta la prostitución por la estructura de su economía explotadora, mientras que al mismo tiempo cubre con desprecio a cualquier chica o mujer que es forzada a tomar este camino."

(...) "La prostitución es sobre todo un fenómeno social; está estrechamente conectado a la necesitada posición de la mujer y su dependencia económica con respecto al hombre en el matrimonio y la familia. Las raíces de la prostitución están en  la economía. La mujer, por un lado, está en una posición económicamente vulnerable, y, por el otro, condicionada por siglos de educación para esperar favores materiales de un hombre a cambio de favores sexuales – ya se den estos dentro o fuera de la atadura del matrimonio. Esta es la raíz del problema. Aquí está el origen de la prostitución."

- Alejandra Kollontai, La prostitución y cómo combatirla aquí el texto completo, muy interesante

-  Feminismo y movimiento de mujeres socialistas en la Revolución Rusa, editorial Ariadna, enlace

jueves, 23 de mayo de 2019

Rosa Luxemburgo. Introducción a la Economía política.




Unos años antes de ser asesinada, Rosa Luxemburgo impartía clases sobre economía política. En esos tiempos el Partido Socialdemócrata Alemán (de ideología marxista) era bastante numeroso y había creado una escuela con el objetivo de formar a sus cuadros.  Autora reconocida y militante de gran brillo, era la persona idónea para impartir las clases a los afortunados alumnos que asistieron a esos cursos.

Al parecer Rosa redactaba notas que le servían de base para sus lecciones y tuvo la intención de publicarlas. No pudo verlo en vida, pero las notas conservadas sirvieron para editar el libro que traigo hoy, Introducción a la economía política.

En este libro el lector dispone de una lección magistral de la autora que nos lleva a los fundamentos económicos de las sociedades, critica con un fino y punzante análisis las teorías económicas clásicas y, además, expone de manera muy didáctica y con ejemplos accesibles a todos las teorías que Marx planteó en El Capital. 

En entradas anteriores de este blog intenté explicar algunas ideas de El Capital (en este enlace). Esas entradas quedan ridiculizadas ante la brillantez del libro que traemos hoy, pero sirven como ejemplo para mostrar la dificultad que se encuentra a veces en explicar de una manera instructiva las complejas ideas de la obra principal de Marx. La autora logra explicarse de una forma diáfana. Como diría la propia Rosa en este mismo libro: Quien piensa con claridad y domina el tema que está estudiando, se expresará clara y comprensiblemente. Quien se expresa de forma oscura o extravagante, muestra solamente que él mismo no tiene claridad o bien tiene razones para apartarse de la claridad. (Prometo que en mi caso en aquellas entradas fue por falta de claridad, no de voluntad).

Así que tenemos en este libro una excelente oportunidad para profundizar en nuestro conocimiento del marxismo y para avanzar en las lecturas y necesarias relecturas de El Capital.

¿Qué encontramos en Introducción...? A lo largo de seis capítulos, correspondientes a las seis lecciones que la autora pudo redactar, asistiremos a una visión de la economía desde un enfoque materialista, opuesta a los ambiguos argumentos de los economistas reputados en tiempos de la autora (puede extenderse hasta nuestros días), a quienes tritura con su prosa mordaz.

Seremos capaces de entender lo económico como un proceso social, perteneciente y necesariamente ligado al entramado de las sociedades, no como entidades aisladas en forma de un pueblo o un país, sino interrelacionado  en un gran conjunto de influencias mutuas. La autora vivió y redactó estas lecciones en pleno desarrollo imperialista y analiza sus causas y consecuencias: Comenzamos a sospechar que, detrás de esos misterios del comercio exterior, tienen que existir relaciones económicas totalmente diferentes entre las diversas “economías nacionales”, relaciones muy distintas del simple intercambio de mercancías. Sacar permanentemente de otros países más productos que los que uno les da, sólo podría hacerlo, evidentemente, un país que tuviera sobre aquellos otros ciertos derechos económicos. Esos derechos no tienen nada que ver con el intercambio entre iguales. Y semejantes derechos y relaciones de dependencia entre los países existen efectivamente, aunque las teorías profesorales no sepan nada de ellos. Esa relación de dependencia, y en su forma más sencilla por cierto, es la de una de las llamadas metrópolis sobre sus colonias. 

El enfoque materialista nos lleva a explicar los mecanismos de las sociedades a través de los medios por los que produce todo lo que necesita para sostenerse. De este modo sale a la luz que existen fuerzas que se someten a todos los gobiernos y autoridades: Descubrimos entonces que hoy se exporta e importa una “mercancía": el capital. Y esta mercancía no sirve para llenar “ciertas lagunas” de “economías nacionales” extranjeras sino, por el contrario, para crear brechas, abrir grietas y fisuras en los muros de antiguas “economías nacionales”, invadirlas actuando como polvorines y, en corto o largo tiempo, convertir esas “economías nacionales” en escombros. Con la “mercancía” capital se expanden masivamente “mercancías” aún más notables desde algunos países llamados civilizados al mundo entero: modernos medios de transporte y exterminio de poblaciones autóctonas enteras, economía monetaria y endeudamiento del campesinado, riqueza y miseria, proletariado y explotación, inseguridad de la existencia y crisis, anarquía y revoluciones.

La sociedad capitalista, analiza Luxemburgo, esconde tras su aparente orden un enorme caos. Es por esto que sus intelectuales "autorizados" son incapaces de explicar sus mecanismos de una manera científica. Tampoco les interesa, pues quedaría al descubierto que ese mágico equilibrio del libre mercado no es sino la anarquía: En la entidad que abarca océanos y continentes no existe planificación, conciencia ni reglamento, solamente el choque ciego de desconocidas fuerzas incontroladas que juegan caprichosamente con el destino económico del hombre. Desde luego que aún hoy un soberano todopoderoso domina a obreros y obreras: el capital. Pero la soberanía del capital no se manifiesta a través del despotismo sino de la anarquía. Y es precisamente la anarquía la responsable de que la economía de la sociedad humana produzca resultados que constituyen un misterio imposible de predecir para todos los afectados. La anarquía hace de la vida económica humana algo desconocido, ajeno, incontrolable, cuyas leyes debemos descubrir de la misma forma que descubrimos las de la naturaleza. (...) Ya deben de tener claro por qué a los economistas burgueses les resulta imposible explicar la esencia de su ciencia, poner el dedo en la llaga del organismo social, denunciar su malformación congénita. Reconocer y afirmar que la anarquía es la fuerza motriz vital del dominio del capital es pronunciar su sentencia de muerte, afirmar que sus días están contados.

En las siguientes lecciones la autora repasa la formación de las sociedades desde el comunismo originario hasta la llegada de la Edad Contemporánea. Me parece especialmente interesante uno de los capítulos, el cuarto -La producción mercantil- en el que se hace un ejercicio de imaginación mediante el cual Luxemburgo invita a sus alumnos a acompañar a un pueblo imaginario en el paso de una producción manufacturera a capitalista.

Es éste un capítulo de la obra muy recomendable para quienes tengamos algunas dificultades para comprender del todo el primer volumen de El Capital. Con su ejemplo, guiado durante toda la lección, veremos con claridad el proceso de división del trabajo, la importancia creciente del mercado a medida que el capital va tomando fuerza, la enajenación del obrero. Se comprenderán también conceptos fundamentales como el de trabajo socialmente necesario, el fetichismo del dinero (fascinante el supuesto en el que el dinero es el ganado: Como ven, con la difusión del ganado como medio universal de cambio la sociedad sólo puede pensar en formas de ganado. Se habla y sueña permanentemente con ganado. Se erige una verdadera adoración y veneración del ganado: una muchacha es desposada con gusto si sus encantos se ven realzados con grandes rebaños como dote, inclusive si el pretendiente no es criador de cerdos sino profesor, clérigo o poeta. El ganado es la quintaesencia de la felicidad humana. Se dedican poemas al ganado y a su mágico poder, se cometen delitos y asesinatos por el ganado. Y los hombres repiten, sacudiendo la cabeza: “el ganado gobierna al mundo”. Si este proverbio les resulta desconocido, tradúzcanlo ustedes al latín: la antigua palabra romana pecunia = dinero proviene de pecus = “ganado” ). 

En definitiva, una lectura absolutamente necesaria para profundizar o mejorar la comprensión de los fundamentos marxistas, para mejorar nuestra capacidad de análisis de las teorías del establishment en el capitalismo y para quienes tengan que hacer una labor didáctica en su militancia. 

Introducción a la economía política, colección clásicos del pensamiento crítico, ed. Siglo XXI

martes, 21 de mayo de 2019

¿Redistribuir la riqueza?

Leemos estos días de campañas electorales que el problema está en el reparto de la riqueza, que la cuestión de fondo es que la ciudadanía debe revertir la políticas liberales y lograr unos gobiernos que procedan a un reparto de la riqueza más justo (frase literal leída ayer). 

Entiendo que tiene su lógica esta afirmación. Vemos cada día que los datos económicos nos muestran que las riquezas están cada vez más concentradas en un pequeño porcentaje de la población y que además la diferencia de volumen con respecto a la inmensa mayoría se acrecenta de un modo absolutamente rechazable por cualquier moral o ética.

Ayer también vimos la polémica surgida en los medios sobre la donación del señor Amancio Ortega, quien había anunciado el regalo generoso de varios millones para luchar contra el cáncer. No voy a ofender la inteligencia del lector discutiendo esta noticia, me sirve para poner ejemplo al asunto, puesto que el debate generado dividía a los liberales que se asombraban de la ingratitud de los que rechazaban las donaciones y a los progresistas que enfocaban el problema en la redistribución de  la riqueza mediante los impuestos.

La cuestión que muchos nos preguntamos, aprendices de comunistas pejigueros y cansinos que se hacen demasiadas preguntas, es: ¿de verdad el problema de la desigualdad está en un mal reparto de la riqueza?

Los Simpsons ya predijeron la distribución de la riqueza en forma de lluvia de dinero

Nos dicen los expertos que la economía tiene tres fases: producción, distribución y consumo. Este esquema se adapta como un guante al modo de ver las cosas desde la perspectiva capitalista (en este blog hicimos modestamente ese ejercicio de explicar las bases del capitalismo desde su óptica en estas entradas ). Es así porque en el capitalismo todo es un gran mercado, la vida es un inmenso mercado donde todo se vende, por tanto el proceso general, tanto para una caja de fresones de Huelva como para las aplicaciones de una empresa informática de Hong Kong, el recorrido sigue las fases de producción, luego se lleva al mercado y por último se vende. 

Así pues parece lógico pensar que si todos producimos (todos trabajamos o necesitamos trabajar para vivir) y también todos consumimos (quien quiera mantener esa manía de seguir viviendo), es decir si siempre se cumplen los dos extremos de esa cadena, es por tanto en ese reparto intermedio de los bienes donde el mecanismo falla. 

Pues bien, esto no es así.

Se admite que en tiempo de campaña electoral los mensajes se reducen al mínimo, por aquello de que la izquierda siempre va en desventaja de propaganda al no contar con el apoyo de los grandes medios. Se comprende también que en tiempos de derrota ideológica pretendamos no abarcar demasiado, no sea que por querer ir más allá de lo que el público está dispuesto a entender perdamos la explicación de asuntos más básicos.

Es cierto además que ante la imposibilidad momentánea de emprender luchas mayores, y ante el descalabro en derechos de la clase trabajadora y la voracidad del capital en su supuesta crisis, es necesario hacer los ajustes que se puedan llevar a cabo en forma de impuestos más equitativos, defensa del Estado de bienestar, planes de empleo, etc. Pero como lo cortés no quita lo valiente, no cuesta nada explicar la verdad del asunto mientras se pelea por estas reformas. Porque de otro modo, podríamos pensar que la izquierda entiende ese reparto como la panacea de todos nuestros males, de manera que estaría contando a los trabajadores una verdad a medias.

Para contar toda la verdad, vamos a llamar a nuestro amigo Carlos Marx, que como siempre acude corriendo y nos da unas cuantas advertencias:

1. Poner el énfasis en la distribución de la riqueza presupone el rol del empresario como motor del progreso. El sufrido emprendedor de nuestros días, héroe del desarrollo neoliberal, que se hace a sí mismo, se bate el cobre emprendiendo y con sus brazos sostiene todo el proceso económico; luego que se reparta mal ya no es culpa suya, bastante tiene con emprender. Aunque parezca exagerada, esta es la idea que se tiene hoy día si miramos las noticias de las páginas color salmón. De la lectura de los clásicos, Smith, Ricardo, puede llegarse a esta conclusión: el mercado es injusto, pobres obreros, su trabajo no se valora bajo los valores de la igualdad, fraternidad y libertad, y también se infiere de los socialistas utópicos y anarquistas, Owen, Proudhon, con quienes Marx tuvo una intensa discusión en sus obras y no fue por motivos personales.

2. El problema surge en la producción. Las sociedades vienen determinadas por la manera en que se lleva a cabo ese trabajo imprescindible para la fabricación de productos y su consumo. No son los empresarios quienes producen la riqueza, son los trabajadores. La clase social de quienes no poseen esos medios es la clase que en realidad sostiene todo el conjunto sobre sus hombros; los empresarios sólo poseen los medios. Pretender repartir la riqueza creada por los propios trabajadores supone arrebatarles lo que ellos mismos han creado y repartirlo además según reglas contrarias a sus intereses.

3. El capital tiende a la acumulación y a la ganancia. Por muy bienintencionado que sea un empresario, la propia competencia en el mercado le llevará siempre a reducir los costes para poder seguir compitiendo, en una carrera sin fin en la que el eslabón más débil, el obrero, es quien tiene todas las papeletas para perder antes o después. La caridad y las donaciones no son más que brindis al sol ante la marea imparable de la inmensa masa del capital. 

4. Esta imparable desigualdad afecta, por supuesto, siempre a los mismos, a los trabajadores. Arrinconados en una inmensa tropa de parados, quedan sin armas frente a esos gobiernos progresistas de cuya benevolencia quedan dependientes, con la única ventana que se abre cada cuatro años en las urnas como única esperanza. Pero mientras los medios de producción estén en pocas manos, esos gobiernos no podrán evitar que lo que nos den con una mano se nos quite con la otra. 

5. Por tanto, ese reparto de la riqueza es un parche, una medida paliativa. Necesaria, pero incompleta. Para seguir formando a nuestros compañeros de clase de manera veraz, debemos explicar que sin el control de esos medios nunca habrá una sociedad verdaderamente equitativa, que esa debe ser la meta y nuestro trabajo por impuestos más equitativos y la defensa de los sistemas públicos, aunque parezca enorme de por sí, no deja de ser una etapa en un camino cuya finalidad es transformar la sociedad entera, no reformarla.

Para añadir un texto sobre el tema, creo que es interesante recomendar la Crítica al programa de Gotha (1875), en la que Marx analiza el programa del Partido Obrero Alemán, y en el que podremos leer párrafos tan sugerentes como éste: