martes, 28 de agosto de 2018

¡Hala, Capital!

Creer hoy día que un club de fútbol modesto puede disputar la liga a uno de los grandes (Real Madrid, Barcelona o Atlético) equivale en ingenuidad a creer que aquellos Hulk Hogan, Macho Man o Enterrador de la lucha libre profesional se disputaban sobre el cuadrilátero un título deportivo en competición abierta e imprevisible; o a creer que uno puede, como en un juego de la Playstation, entrenar al Club Deportivo Alcoyano y llevarlo desde la tercera división hasta pelear la final de la Champions frente al Bayern o la Juventus sólo por la fuerza de su moral. 

Reconozco ser futbolero, de pasión contenida pero futbolero, pese a que todos sabemos que el mundo del "deporte rey" se ha convertido en un mero espectáculo y que, por desgracia, concentra varios de los peores vicios de nuestra sociedad. Cuesta cada vez más hallar un motivo para rebatir a quienes lo consideran el "embrutecimiento de las grandes masas". Pan y circo para el pueblo.

Sea por influencia familiar o del entorno, confieso que yo tampoco me escapo al dominio de este deporte-sentimiento. 
Tengo la suerte de poder hablar en ocasiones con un viejo aficionado, rojillo como yo y que ha visto jugar a Campanal y Arza, que siempre termina sus conversaciones futboleras con la letanía de que entonces los jugadores eran todo pundonor y que hoy no pasan de mercenarios. Hasta ahora había pensado que esta sensación de mi amigo se debía a la percepción que todos tenemos cuando nos hacemos mayores y estimamos que nuestra generación fue mejor. 

Si lo observamos con detenimiento, el fútbol, el deporte en general, no es ajeno a la perversión irresistible del gran fetiche de nuestro mundo, el dinero. En esto, como la vida misma, como ocurre en el campo laboral, en el de la salud o la educación, en la vivienda, incluso en la gestación de hijos, todo está marcado por lo económico. 

Se me ocurren, a simple bote pronto, unas cuantas similitudes entre el fútbol y la vida bastante curiosas.

En la sociedad en que vivimos es común creer que un ciudadano modesto, bienintencionado y trabajador, puede con su ingenio y su tesón labrarse una pequeña fortuna, sin molestar ni perjudicar a sus semejantes. Igualmente tendemos a creer que en la autonomía del libre mercado existe una mano mágica que pone a cada uno en su sitio y que termina haciendo justicia pese a las desigualdades en recursos. Todos tienen la oportunidad de prosperar -pensamos-, de hacerse a uno mismo e, incluso, si la fortuna sonríe, disputar los primeros puestos a los grandes del sector. 


Bien, basta rascar un poco sobre la superficie de este brillante sueño para que encontremos debajo una realidad semejante en ingenuidad al ejemplo de Hulk Hogan y el Alcoyano que citaba al comienzo. Simplemente enumeremos algunas de las características del mundo que nos ha tocado vivir:

1. El capital es el amo. El capricho que cantaban los Pink Floyd en el inicio de aquella legendaria canción (Money, it's a gas. Grab that cash with both hands and make a stash. New car, caviar, four star daydream, think I'll buy me a football team) es hoy una realidad normalizada. 

Millonarios excéntricos o grupos de inversores extranjeros llegan a un club, ponen el dinero sobre la mesa y de pronto el antes humilde club explota en un derroche de jugadores y entrenadores de relumbrón. 

Los mejores fichajes, desde que al jugador apenas le salen pelos en el pecho hasta que se retira hacia ligas exóticas, entran en el mercadeo de la bolsa deportiva cada verano y el mejor postor es el que se los lleva para que los disfrute su afortunada afición, que los verá besando su escudo en las presentaciones.

En el caso del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, sabemos que es algo más que una especie de mecenas deportivo. Dueño del imperio empresarial Grupo ACS, dispone de una de las mayores fortunas del planeta. Pocas obras en España no están vinculadas a su empresa, ya sean obra privada, civil o pública. El tren, el agua o las carreteras de España pasan por su mano, así como la energía y los servicios. Y para que este mecenas del deporte y los negocios no pierda capacidad, nos encargamos los trabajadores españoles de rescatar sus pérdidas cuando a Florentino no le salen las cuentas.


El año pasado, por ejemplo, el Madrid fichó a una joven promesa brasileña de apenas 17 años, Vinicius Junior, por 45 millones de euros y actualmente está jugando en el filial de segunda B con un sueldo de 7,5 millones anuales (mucho más que los jugadores mejor pagados de cualquier club que no sea uno de los galácticos). 

¿Cómo competir con este potencial económico? ¿Es posible, del mismo modo, en la vida competir con un capital de tamaño  cuando uno sólo dispone del trabajo que pueda realizar con sus manos? ¿Dispone el sistema en el que vivimos, el capitalismo, de medios de nivelación de esas desigualdades?

Dicho de otro modo, ¿es posible un capitalismo justo o equitativo? Marx lo expresa claro en sus obras. Escogeré un pasaje -entre muchos- de una de ellas, El capital:

El capital tiene un solo impulso vital, el impulso de valorizarse, de crear plusvalor, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de plustrabajo. El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa.



2. ¿Es sólo una cuestión de dinero? Por si fuera poco con poseer la fuerza económica, los grandes clubes acaparan además otra de las mayores fuentes de influencia de nuestra sociedad: los medios.

Más allá del prestigio deportivo y del palmarés, los clubes poderosos manejan las televisiones, hacen que se creen peñas en los lugares más recónditos y logran que veamos en nuestras ciudades y pueblos a más niños con las camisetas de los grandes clubes que camisetas del equipo local.

El aficionado de un club de provincias estará acostumbrado a que los periodistas de sus canales y emisoras locales den prioridad a las noticias de estos grandes equipos antes que  a las de los suyos. La prensa crea la tendencia y convierte en preeminente todo lo que gire en torno a los clubes mediáticos; lo que se refiere a ellos es noticia, es grato, produce buenas sensaciones o en su defecto crea polémica, mientras que el resto tiende a lo anónimo, lo ingrato, lo aburrido, y se olvida. 

Sobre la libertad de los medios, Lenin escribía:

La libertad de prensa es también una de las principales consignas de la democracia pura. Los obreros saben bien, y los socialistas de todos los países lo han reconocido, que esta libertad es una mentira mientras las mejores imprentas y los más importantes depósitos de papel se encuentren en manos de los capitalistas y mientras subsista la dominación del capital sobre la prensa, dominación que se afianza en el mundo entero de la manera más escandalosa, brutal y cínica.


3. Ese predominio ideológico, sustentado en el poderío económico, tiene también su reflejo en otros aspectos. El marco legal y administrativo en el fútbol tampoco está exento de la alargada sombra de los clubes poderosos. Las históricas ayudas arbitrales, las decisiones favorables de los organismos legales, la predisposición a favorecer siempre a los grandes en sorteos y competiciones quizás sean sólo la punta del iceberg y los aficionados desconozcamos los entresijos que se esconden en las relaciones entre clubes y organismos federativos. 

Si hasta ahora no se ha creado esa superliga europea de la que se hablaba, por ejemplo, seguramente será porque los interesados consideran que aún no han exprimido lo suficiente el beneficio que les producen el resto de equipos que hacen de esparrin o comparsa de los clubes elegidos.
La Federación Española de Fútbol llevó recientemente una final a Tánger, Marruecos, sin importar que este país sea opresor del pueblo saharaui, por intereses económicos de uno de los clubes más poderosos. 

De un modo semejante, en nuestra sociedad, el marco jurídico y político no son ajenos a la influencia del poder económico. Antes bien son su reflejo y cumplen la función de mantener al mando de ese poder a los intereses que salen beneficiados de este orden. Los lectores de textos marxistas hemos sabido gracias a esas lecturas de esta manera de eternizar el poder de una clase social sobre otra mediante la estructura de un armazón económico, atravesado de vigas y contrafuertes ideológicos,legales y políticos.

Si has llegado hasta aquí por ser también futbolero/a y deseas saber más sobre textos marxistas, aprovecho para recomendarte estos enlaces: 

  • EL MANIFIESTO COMUNISTA  , obra imprescindible para la cultura general del trabajador, que en esta serie de entradas está más o menos explicado y aclarado para incentivar la lectura.


  • TOMO PRIMERO DE EL CAPITAL el mecanismo interno del sistema capitalista abierto de par en par ante tus ojos en esta obra necesaria para entender nuestro mundo.


Salud!

1 comentario:

  1. La concetracion de capital y la tendencia al monopolio (que explica Lenin en el Imperialismo fase superior del capitalismo) viene a explicar como es posible los fenemenos que cuentas aqui.

    La llegada de fondos de inversión y capital especulativo al mundo del futbol, la búsqueda de una rápida revaloriazacion del producto (traspasos de futbolista, contratos de televisión) para luego vender y obtener superbeneficios, no es mas que el traslado del modus operandi del capitalismo al ámbito del deporte.

    Por el camino se cae todo. Primero los mercados internos de los países menos avanzado (en los 90 las ligas sudamericanas) y ahora se cae los mercados nacionales europeos en beneficio del centro capitalista, que en el fútbol son la liga inglesa y los "grandes europeos". Es cuestion de tiempo, que aparezca una "liga europea" que monopolice recursos economicos, publicitarios y audiencia. Lo que queda por ver es si esa Liga es la Champions actual (ampliada) gestionada por un ente semipublico (UEFA) o una nueva competicion incompatible con competiciones nacionales y gestionada por un grupo empresarial privado.

    El futbol ademas de un negocio en si, es una forma de relacion social para las elites burguesas, que lo utilizan para dinamizar negocios paralelos (Florentino con las constructoras, los jeques arabes...).

    QUe el modelo del Sevilla se estudiaba en las Escuelas de Negocios, no era tanto por el exito deportivo, sino porque ha permitido a una sociedad en bancarrota tecnica, sin capacidad de inversión y endeudamiento, convertirse en una empresa con 200 millones de presupuesto, en el contexto de estar en un mercado local reducido. Es un modelo para el capitalista especulativo que quiere hacer negocio en el deporte, por eso se estudia.

    El fútbol moderno, en definitiva es esto, la transformación de una competición deportiva profesionalizada en un espectáculo de consumo de masas donde importa menos quien gane que el color de las zapatillas o el gesto medido de la superestrella del momento, viralizado en redes sociales. Ya no es el sentimiento del aficionado, ni el amor por los colores, es que la competición en si, es el mero pretexto para otras cosas.

    No es nada original todo esto, esta pasando con todos los fenomenos culturarles de masas que nacieron el siglo pasado: la música, el cine....

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